Felices aquellos quienes disfrutan de la infelicidad ajena. Felices infelizmente, porque es momentáneo, no duradero. Infeliz será quien en algún momento necesite quizás de esa médica que hoy no tiene la felicidad que la caracterizaba, que tiene que usar los dos únicos instrumentos que le dejaron, una hoja y un papel, para no se más infeliz de lo que está. ¿Felices?
En las calles de La Plata se encuentra de todo: baldosas flojas, papeles tirados, vecinos que hace años que no veías, amistades con las que no querés reencontrarte, graffitis, cruces con las benditas diagonales, pollajerías, plazas cada seis cuadras, hinchas de Estudiantes, Gimnasia, alguna camiseta de club de barrio, baldosas flojas, otro pibe corriendo el micro, y más.
Además de encontrarse de todo, también podés tener la mala suerte de volver a tu auto y no encontrarlo como estaba. Eso le pasó a una médica, precisamente el martes pasado. Y desde aquel momento, tuvo que encontrar la manera de salir adelante pese a perderlo todo.
Esta tarde de viernes estacionó su auto en el centro, en uno de los sectores donde está el Estacionamiento medido. En algunas calles de La Plata se paga por fracción para dejar el auto en la calle, más que nada en las céntricas calles platenses. Cómo pudo y con lo que tenía a mano, dejó un mensaje.
Una hoja de receta médica sin usar fue el papel que sorprendió a quienes caminaban por la ciudad, por lo que decía en su dorso. "Fui a pagar el estacionamiento medido. Por favor no me multes, soy una médica infeliz", empezaba el mensaje a quien lo viera, precisamente a quienes controlan el tránsito, quienes chequean si los autos estacionados abonaron o no el Medido.
A confirmar si el destinatario lo leyó o no, la imagen sí se hizo viral. Aquel robo la marcó, reconociéndose ella misma como una "médica infeliz". ¿Por qué? "Hace tres días me abrieron el auto con inhibidor, me robaron todo, hasta mis instrumentos", contó, firmando en el final del papel.
Aquel papel en el que anota recetas, comentarios o indicaciones para sus pacientes terminó con otro uso impensado para ella. Quizás le salvó el momento y calmó un poco el dolor, a sabiendas que aquellos ladrones no solo le robaron los instrumentos sino también la sonrisa. ¡Infelices!